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Partituras de Guitarra Flamenca
Entrevistas

Javier Molina, 1955

Esta entrevista a Javier Molina, realizada por el aficionado y autor jerezano Juan de la Plata, aparece en la edición del 23 de agosto de 1955 del periódico madrileño "Dígame". Se publicó junto con tres fotos de Javier, en una de las cuales aparece tocando con posturas de guitarra clásica. Puede verse en este enlace una imagen escaneada del artículo, en éste otra entrevista con Javier y en éste otra más. Pica aquí para ver más información sobre Javier.

JAVIER MOLINA, EL GUITARRISTA DE DON ANTONIO CHACÓN,
SIGUE TOCANDO A LOS OCHENTA Y CINCO AÑOS
Afirma que el cante antiguo era mejor que el moderno
y que el flamenco actual está "remendado"
Se puso enfermo cuando le comunicaron la muerte de Ramón Montoya
Por Juan DE LA PLATA

De todos los artistas de la guitarra en España, quizá sea Javier Molina el decano de los "tocaores" flamencos en activo, pues, pese a sus ochenta y cinco años de edad, todavía da lecciones y toca una vez que otra para cuatro señores que acostumbran a ir a su casa a escuchar el toque de embrujo del maestro.

Javier Molina representa en el arte guitarresco andaluz tres cuartos de siglo de plena dedicación al más flamenco de los instrumentos. Tres cuartos de siglo de rasgueo constante por los escenarios, cafés cantantes, ventas, patios de cortijos y de casas grandes de España. Porque Javier, que toca flamenco desde los siete años y que en toda su vida no ha hecho otra cosa que pulsar las cuerdas para acompañar un cante flamenco, no sólo ha actuado en escenarios, sino que se ha asomado a todos aquellos lugares donde su gran figura de maestro indiscutible se ha hecho necesaria para ser escuchado con admiración en cuantas fiestas de tronío hayan sido organizadas.

El fue quien más veces acompañó con su arte al gran don Antonio Chacón, el hombre genial que con su cante supo conquistar un "don" que, en los de su clase y oficio, supone algo más que un simple título honorífico y de dignidad, que se otorga a cualquier persona decente. Hizo sonar la guitarra por "seguiriyas" para que cantara Manuel Torres (el Niño de Jerez), y sus cualidades excepcionales de artista y creador cien por cien lucieron junto a los "cantaores" y "bailaores" más célebres de los últimos tiempos.

PRINCIPIOS ARTÍSTICOS DE JAVIER

Javier Molina nació en Jerez de la Frontera, en una calle del típico barrio de Santiago que lleva el nombre de la Patrona de la ciudad, Nuestra Señora de la Merced; en Jerez se crió y allí vive todavía, en una casa del barrio de San Pedro, adonde hemos ido a verle para que nos cuente algunas impresiones sobre su vida y su arte.

El piso de Javier es chiquito, de dos o tres habitaciones, en las que se pueden ver por las paredes cuadros de la Virgen, guitarras, fotos de cuando era el "tocaor" de moda, de cuando era niño, un cuadro de Lagartijo el Grande y un retrato del Señor del Gran Poder. Toda la casa está saturada de ese sabor antiguo que despiden los hogares de los artistas ancianos, ya casi retirados de la vida pública.

Javier nos ha recibido bien, nos ha hecho sentarnos y ha sacado su vieja y bien cuidada guitarra y se ha puesto a tocar. "Seguiriyas, soleares, alegrías, tientos, farrucas... Todos los toques, grandes y chicos, han cobrado vida por el don y el arte de sus manos ágiles, suaves, de artista maravilloso. Luego, sin dejar a su compañera la guitarra, nos ha hablado de sus principios artísticos. De cuando con ocho años ya tocaba en público, en la Alameda Vieja, entre función y función de un viejo teatrillo de guiñol, del cual era propietario un ciego que tocaba el violín. Allí ganó Javier su primer sueldo: ¡dos pesetas diarias!

El viejo guitarrista nunca tuvo maestros que le enseñaran. Sólo recibió unas cuantas lecciones de un aficionado, amigo de su hermano, que fue un renombrado "bailaor" y que más tarde formó trío con Javier y Chacón. Entonces eran todavía desconocidos los tres, y fue cuando empezaron a darse a conocer al público actuando en los cafés cantantes, formando parte de lo que entonces se denominaban "conciertos artísticos".

LA ANÉCDOTA DEL DURO

De aquellas actuaciones es esta anécdota que Javier nos cuenta mientras acaricia las cuerdas de su instrumento.

—Actuábamos en un colmado de Facinas, un pueblecito del campo de Gibraltar, cuando a la hora de pasar la bandeja llegó un señor muy borracho y nos echó un duro. Figúrese la alegría que nos entró a nosotros. Entonces nadie daba tanto dinero, y aquello suponía para los tres una fortuna. Como se trataba de un "acontecimiento", en seguida le hicimos a tan espléndido espectador una gran fiesta, que duró cerca de una hora. ¡Cuál sería nuestra sorpresa cuando al día siguiente vimos entrar en la posada donde estábamos al borracho de la noche anterior reclamándonos el duro! Alegaba que por estar "algo bebido" no se había fijado muy bien en lo que daba. Como es natural, el duro no se lo devolvimos, y el hombre, después de armar "su jaleíto", se marchó por donde había venido.

Como hemos empezado por las anécdotas, Javier nos cuenta también lo que le sucedió a cierto "cantaor" de medianas facultades al que le estaba tocando en un escenario.

—El pobre muchacho llevaba varios días sin dormir a cuenta de los viajes y se quedó dormido en las tablas, con tan mala fortuna que cayó al patio de butacas, donde, chorreando sangre, siguió cantando.

"HE TOCADO A LOS MEJORES Y A LOS PEORES"

El maestro nos dice:

—Les he tocado a los mejores y a los peores "cantaores".
—¿Quién era el mejor, maestro?
—"Cantaores" buenos ha habido muchos.
—Pero el mejor...
—Don Antonio Chacón. El era el más completo de cuantos he conocido.
—¿Le tocó muchas veces?
—Casi siempre que cantaba. Además fue un gran amigo y todo un caballero.
—¿A qué otros "cantaores" famosos ha acompañado con la guitarra?
—A Tomás el Nitri, Manuel Torres, Niño de Jerez, al Caoba, al "señor" Manuel Molina, a Paco la Luz, al Loco Mateo, el Chato de Jerez, los hermanos Marrurro, La Serna, Cabeza, Frijones y otros muchos, cuyos nombres harían una lista interminable. Entre ellos a Juan Breva, al Canario, Fosforito y al Mescle, que valía un cortijo cantando y era muy gracioso.
—¿Quién fue mejor, Chacón o Manuel Torre?
—Ya he dicho que don Antonio era el más completo. Sin embargo, Manuel Torres, por "seguiriyas", me gustaba más. Ahora bien, Chacón era un genio por malagueñas. ¡Y aquellos caracoles suyos!..
—¿Qué cante es ése?
—Un estilo de alegrías que don Antonio Chacón creó y cantó "como los ángeles".
—¿Con qué artistas de los de ahora ha actuado?
—Con la Niña de los Peines, con la que estuve dos temporadas recorriendo España en unión del Estampío y el Cojo de Málaga; con Lola Flores, en sus primeras salidas en público, cuando tenía dieciséis años y yo le daba lecciones de baile, y con Manolo Caracol, al que acompañé en su debut en Madrid siendo él un niño todavía en el teatro del Centro, de la calle de Atocha, en unión de Ramírez, un "bailaor" muy famoso.
—¿Conoció usted a Ramón Montoya?
—Nos unía una buena amistad y actuamos muchas veces juntos. Cada vez que le preguntaban quién era mejor de nosotros dos, contestaba que yo. Desde luego mentía, porque él ha sido el mejor tocaor de todos los tiempos. Cuando me enteré de su muerte me impresioné tanto que hubieron de meterme en la cama enfermo.
—¿Qué toque es más fácil y cuál el más difícil del flamenco?
—El más fácil, las sevillanas; las bulerías es lo más difícil que se toca a la guitarra.
—Por favor, opine de los "cantaores" actuales.
—Los hay buenos y malos, como en todos los tiempos.
—¿El que más le gusta?
—Manolo Vallejo. Es el que más sabe y el que mejor canta de los artistas de hoy.

"EL FLAMENCO ESTÁ REMENDADO"

—¿Qué me dice del cante que ahora se hace?
—Que es un flamenco "remendado". Antes y siempre se ha cantado mucho mejor que ahora.
—¿Quién es el mejor guitarrista moderno?
—Sin duda alguna, el Niño de Ricardo.
—¿Ha enseñado usted a mucha gente?
—A bastante. Desde que me retiré, hace seis o siete años, no hago otra cosa que dar clases de guitarra. Antes ya enseñé a una hija de Bombita III y a otra de Morenito de Algeciras; después de dejar los escenarios he enseñado a varios que hoy son profesionales, entre ellos, el Lápiz, Palma y los hermanos Moraíto.

UNOS VERSOS DE JULIÁN PEMARTÍN

Decae la charla con el viejo guitarrista. Hemos subido a la terraza para que Pereiras tire unas placas. Allí Javier se lamenta de que hayan desaparecido para siempre los antiguos cafés cantantes. Según él, éstos eran como las universidades del cante. Propone se cree un centro donde se eduque la voz de los que empiezan y se les enseñe el cante bueno para que el flamenco puro no desaparezca.

Se nos confiesa furibundo "lagartijista" del toreo; nos habla de sus discos impresionados y nos recuerda el homenaje que se le hizo a don Antonio Chacón en Jerez, su tierra natal, en 1933, y en el que Javier tomó parte. En aquel acto intervinieron Pemán, Julián Pemartín y todos los artistas flamencos de Jerez de aquella época.

También hablamos de otra fiesta celebrada tres años antes, con motivo del segundo centenario de la casa Domecq, en la conocida viña El Majuelo, y en la que Julián Pemartín improvisó unos versos que empezaban así:

¿Qué tendrás, noche divina,
que en mi recuerdo te borre?
Tocaba Javier Molina
y cantaba Manuel Torres...

Ramón Montoya, 1937

Esta entrevista viene del periódico "La Nación", de Buenos Aires, con fecha de 11 de mayo de 1937. No aparece el nombre del periodista. Pica aquí para ver más información sobre Ramón.

EL ARTE POPULAR ANDALUZ
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Recuerda figuras del "cante jondo" Ramón Montoya
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La vida pintoresca del "cantaor" Antonio Chacón
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En las primeras horas de la mañana de ayer llegó a nuestra metrópoli, a bordo del vapor Campana, procedente de Marsella, el celebrado guitarrista español Ramón Montoya, considerado como el intérprete más completo de la música popular andaluza. Viene el artista antes citado para actuar en nuestra capital, contratado por la empresa del teatro Maravillas, en cuyo escenario se presentará esta noche, integrando el espectáculo de arte regional que en el mismo viene ofreciendo el conjunto que encabeza la bailarina Carmen Amaya. Está vinculado Montoya al arte del "cante jondo" por una actuación de más de un cuarto de siglo, en que su destreza de "tocaor" fue hermanada con figuras de tanta significación en la expresión flamenca como las Macarronas, la Niña de los Peines y Antonio Chacón. A través de una entrevista que el celebrado guitarrista nos concede en el Maravillas, van desfilando en sus recuerdos todos los "grandes" que hicieron un culto de la canción popular del pueblo andaluz, salpicando la conversación con episodios, pintorescos unos, sentimentales otros, y en los que interviene, frecuentemente, el actor Manolo Vico, vinculado también a la vida artística de Montoya por más de una actuación accidentada por tierras de la Península. El físico de Montoya desmiente por completo la región de la que es oriundo, como no lo confirma tampoco el acento de su palabra. Al verlo, con su rostro encendido, se diría que es un hombre del norte de España, y hablando parece un andaluz perfecto. Pero en las primeras preguntas ya Montoya se explaya y detalla todo cuanto de él se desea saber.

—¿De qué región es usted?

—Yo soy de Madrid, del mismo barrio del Avapiés, de esa tontería de barriada que tan bien define a la capital de España. Y por cierto que en algunas oportunidades he tenido que enseñar mis documentos personales para demostrar que yo era madrileño por los cuatro costados.

Yo hube de venir a Buenos Aires, hace más o menos siete años, en que García Malla me propuso que actuara en el teatro Casino, pero el miedo a embarcarme, que para algo soy, además de madrileño, gitano, me hizo renunciar a los tentadores ofrecimientos de entonces. Recuerdo siempre que más de una vez me lo decía Manolo Vico, que ya conocía esta tierra:

—¡No seas tonto, Ramón, vete a América, que te vas a hinchar de ganar dinero! Pero confieso que la sola idea de saber que tenía que pasarme tantos días en medio del mar me quitaba todo el interés que podían ofrecer los interesantes contratos ofrecidos.

Montoya se inició tocando en los cafés cantantes de Madrid

—¿Cómo se inició usted en el arte de guitarrista?

—En los cafés cantantes de Madrid, muchos de los cuales o la mayor parte de ellos, ya ni siquiera existen. De entonces recuerdo yo con emoción el café de la Marina, donde me inicié, y que estaba situado en la calle Jardines número 21. También me tocó trabajar en el famoso café de Naranjeros, en la plaza de la Cebada; el café del Gato, en la cortada del mismo nombre y cuyas dueñas respondían al pintoresco nombre de las hermanas Higorrotas; el café de la Magdalena, también en la calle de ese nombre, entre las plazas de Antón Martín y del Progreso; el café del Pez, en la calle Ancha de San Bernardo. En el café de la Marina me tocó actuar al lado de las famosas Macarronas, de Malena de Salud, la hija del Ciego, que representa para mí lo más grande en bailes de hombres, interpretados por una mujer, que aparecía en traje de corto con zajones y sombrero calañés, chiquita y con una voz cavernosa que coincidía perfectamente con su arte; Anita Caña artista de gran temperamento; la Mejorana, una de las grandes intérpretes del baile clásico flamenco, y Antonio de Bilbao, que conocieron en Buenos Aires en el teatro San Martín en la compañía de Eulogio Velasco, hace varios años. De Antonio de Bilbao recuerdo, por cierto, la forma original en que se consagró en Madrid. Fue una noche de esas memorables en el café de la Marina. Después de actuar varios artistas, y respondiendo al jaleo de varios amigos, apareció en el tabladillo Antonio y me pidió que yo le acompañara. La impresión que se traducía de su físico y su indumentaria no dejaban adivinar el bailarín inmenso que había en él. Iba metido debajo de una boina que traducía su origen vasco, y al preguntarle qué quería bailar, me dijo que lo haría por alegrías. Lo miré y pensé que eso era en broma y resolví tocar entonces del mismo modo, pero el hombre reaccionó y me dijo convencido de sí mismo:

—¡No, toque usted bien, que yo sé bailar!

Y en efecto, el hombre sabía lo que hacía, hasta el punto que esa noche acabó con los "bailaores", "tocaores" y con el público, y cómo sería la impresión que produjo, que el dueño del café vino de inmediato a imponerme que debía contratarlo, por cuanto esa facultad estaba reservada al "tocaor" oficial de la casa, que entonces era yo. Le pregunté el precio que quería ganar y me respondió: doce pesetas, que a la sazón era un buen salario, pero que si pidiera cincuenta lo mismo se las hubiéramos dado. Yo ganaba siete pesetas, que también era una paga importante, pero por intervenir fuera del café ganaba yo diariamente más de veinte duros. Lo único que puedo decir de Antonio de Bilbao es que poco tiempo después era él el amo del café de la Marina y que su nombre circuló por toda España en tono consagratorio. No quiero dejar de recordar también a Faíco, interprete magnífico de la farruca y a quien actuando en París el público lo consagró en el paso doble "La Giralda". Triunfaron igualmente allí Ramírez, de Jerez, en farrucas y tangos, y Monijón, primo de Faíco.

—¿Y de las "bailaoras", cuales recuerda como las mejores?

—Mariquilla, la flamenca, en lo clásico, de la talla de la Macarrona, y Encarnación Hurtado, la Malagueñita.

Considera a Chacón como el intérprete más completo

—Pero en el "cante jondo" —continúa diciendo Montoya— lo más grande que ha dado España es Antonio Chacón, o, mejor dicho, D. Antonio Chacón, porque si a alguien hay que darle el don es a él. Para mí y para muchos, Chacón ha sido el amo de todos los "cantes" flamencos. Y puede decirse, además, de él, que no era solamente un "cantaor", porque lo mismo sabía hablar de pintura y de literatura como de medicina. Y cantando era algo serio. Era capaz de comenzar a cantar a las 8 de la noche y seguir hasta el día siguiente a la misma hora con el mismo entusiasmo y eficacia, y terminaba con todos, como que donde estuviera él nadie podía ponerse a su lado. Durante quince años le acompañé con mi guitarra, esta guitarra que va conmigo desde hace veintisiete años, y que los flamencos llaman "la leona de Montoya". Chacón era lo más grande en el cante gitano por seguidilla y era, a la vez, gran señor y amigo, como que se murió y no dejó una "gorda", después de haber ganado más de dos millones de pesetas, porque todo cuanto rescataba lo empleaba en vivir bien, como un gran señor que era. También fue grande en el "cante" de Levante Manuel Torres, intérprete magnífico de la murciana y la cartagenera, y Manuel Escasena, que contó, además, con la admiración de Antonio Chacón. Escasena tenía una cabeza de forma rara, que le valió fuera comparada a un pepino, y recuerdo que Chacón, al referirse a él me decía: "Vea usted, Montoyita, este "cabeza de pepino" es extraordinario". Y más de una vez el mismo Chacón se encargó de hacer que en alguna juerga de Villa Rosa llegara a manos de Escasena un billete de cien pesetas, fingiendo que otra persona se lo había entregado para él. El pobre bondadoso de Antonio Chacón. De Chacón debo recordar también cuando me presentó en Sevilla en una fiesta, durante las ferias. Había allí reunido lo más grande que el "cante" tenía entonces, y fui yo, ilustre desconocido, para acompañar a Don Antonio. Al presentarme se limitó a decir: "Primero vais a cantar todos vosotros y luego lo haré yo, acompañado por Montoya, y os aseguro que os voy a hacer llorar a todos". Y así fue, en efecto: acabaron todos llorando. Su admiración por mí era tanta que llegó a perdonarme que en una fiesta del Duque de Medinaceli llegara tarde por preferir jugar al billar, y se limitó a decirme: "Montoya, ¿usted es jugador de billar o "tocaor" de guitarra?". En otra oportunidad que volvimos a Sevilla, la admiración de los andaluces llegó a negar mi nacimiento en la capital, y él replicó en tono amable: "¡Haga el favor de decir que usted ha "nacío" en Sevilla!".

En París actuó en la Opera Cómica con la Argentinita

La conversación gira luego sobre sus actuaciones recientes y sobre el plan a desarrollar en el Maravillas, y Montoya nos dice:

—He estado actuando en París por espacio de ocho meses, que se han ido prolongando desde hace cinco, en que tenía que venir a Buenos Aires, y no me dejaban. He dado varios recitales de música flamenca en la sala Pleyel, de París, y dos en la Opera Cómica, acompañando a Encarnación López, la Argentinita, que obtuvo un éxito extraordinario. ¡Cómo baila vuestra compatriota! Para mí es la artista más completa que ha conocido España entre las "bailaoras", con el agregado de que hasta cantando con esa voz chiquitina que tiene lo hace en forma primorosa. Es el suyo arte puro, de primera calidad, y que el público de París, como antes el de España, supo valorar en su verdadera expresión. Luego actué en Bruselas, Londres y Suiza, hasta que pude salir en dirección a Marsella y embarcarme para pasar esos días de alta mar, de los que no quiero ni siquiera acordarme para tener valor para la vuelta.

"En mi actuación en Buenos Aires, mi repertorio estará integrado por interpretaciones en la guitarra, en mi "leona" de arte flamenco puramente clásico, como soleares, malagueñas, granadinas, mineras, tarantas, rondeñas, bulerías, tango en mayor y menor, guajiras, farrucas, seguidillas y la rosa, y ejecutaré cada una de ellas con arreglo a los deseos del público, que por espacio de tantos años he pensado conocer por tantas referencias que de él tenía".

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